La ciudad de Dubrovnik ha implementado en los últimos años un sistema para limitar el número de visitantes diarios en su casco antiguo, declarado Patrimonio de la Humanidad.
El objetivo es evitar la masificación que durante años ha afectado a sus calles estrechas y a la calidad de vida de los residentes.
Control en tiempo real
Para gestionar esta situación, se utilizan cámaras y sistemas digitales que permiten monitorizar el flujo de personas en tiempo real. Cuando se alcanza el límite recomendado, se restringe temporalmente el acceso a determinadas zonas.
Turismo y sostenibilidad
Este modelo se ha convertido en un ejemplo para otras ciudades europeas que buscan equilibrar la llegada de turistas con la conservación del patrimonio.


























